martes, 16 de septiembre de 2014

Aprender de Shantideva, "el de las 3 realizaciones"

Para una cultura que dedica tantísima energía al mundo de las apariencias el ejemplo de Shantideva (687-763) puede resultar muy sorprendente, pero "incluso hoy día, los que tienen la buena fortuna de leer y estudiar sus grandes obras y de meditar en ellas, encontrarán una fuente inagotable de sabiduría y recibirán innumerables beneficios".

La vida de Shantideva es extraordinaria. Nació en el seno de la familia real del reino de Guyharat, en la parte occidental de la India, y era el príncipe heredero. Su padre era el rey Kushalavarmana (Armadura de Virtud), y su madre, una emanación reconocida de la Deidad tántrica Vajrayoguini. Al nacer, le pusieron el nombre de Shantibarmana (Armadura de Paz).

Desde muy temprana edad, Shantibarmana mostró una excepcional habilidad en materias espirituales y a los 7 años ya dominaba con destreza la ciencia interna de la religión. Su maestro principal por aquel entonces era un gran yogui  que poseía la realización de la penetrante sabiduría superior y de quien se decía que había alcanzado la unión con Manyhushri, la personificación de la sabiduría de todos los seres iluminados. En uno de sus retiros, Shantibarmana también tuvo una visión directa de Manyhushri y recibió numerosos presagios y buenos augurios.

Poco después, el rey Kushalavarmana falleció dejando al príncipe Shantibarmana  como sucesor. La noche anterior a su coronación, Manyhushri se le apareció en sueños y le aconsejó que renunciara a su reino y se ordenara monje. Al día siguiente, Shantibarmana abandonó el palacio y se fue al bosque a practicar la meditación. Entonces, se le apareció de nuevo Manyhushri, pero esta vez le ofreció una espada de madera y al tomarla Shantibarmana alcanzó ocho realizaciones perfectas. Después se trasladó a la gran universidad monástica de Nalanda, donde el abad Yhayadeva (Dios de la Victoria) le confirió la ordenación monástica y le dio el nombre de Shantideva (Dios de la Paz).


En Nalanda, Shantideva progresaba espiritualmente con rapidez gracias a su adiestramiento en los profundos métodos del tantra. No obstante, como realizaba todas sus prácticas en secreto por la noche y dormía durante el día, los demás monjes pensaban que sólo realizaba tres actividades: comer, dormir y defecar, y por ello lo llamaban El de las Tres Realizaciones. Pensando que era irresponsable y perezoso, y también una deshonra para su célebre universidad, elaboraron un plan para expulsarlo. Creyendo, sin razón, que Shantideva era incapaz de meditar y que desconocía la filosofía de las diversas escuelas budistas, lo invitaron a pronunciar un discurso ante todos los monjes del monasterio con la intención de humillarle, haciendo pública su ignorancia, y de avergonzarlo tanto que decidiera marcharse.

Cuando llegó el día señalado, Shantideva subió al trono y, ante la sorpresa de todos, impartió unas inspiradoras enseñanzas que más tarde se publicaron con el título Guia de las obras del Bodhisatva (sáns. Bodhisatvacharyavatara), y que hasta hoy se consideran las instrucciones más completas sobre como practicar el camino del Bodhisatva, el ser que desea de manera espontánea alcanzar la iluminación por el beneficio de los demás. Cuando llegó al capítulo noveno, relativo a la sabiduría que aprehende la verdadera naturaleza de la realidad, dijo: << Todo es semejante al espacio>>, se elevó hacia el cielo y continuó volando cada vez más alto hasta que se perdió de vista, aunque su voz seguía oyéndose con la misma claridad. Desde allí, demostrando sus poderes sobrenaturales, terminó de impartir el capítulo noveno y enseño también el décimo.

Las enseñanzas que impartió Shantideva en ese momento, La guía de las obras del bodhisatva, fueron tan extraordinarias que se han conservado a lo largo de la historia como uno de los mayores tesoros espirituales. No sin razón, Gueshe Kelsang Gyatso, puso como título Tesoro de contemplación, al comentario de esa obra maestra que ha preparado para la gente del mundo moderno. 
"Incluso hoy día, los que tienen la buena fortuna de leer y estudiar sus grandes obras y de meditar en ellas, encontrarán una fuente inagotable de sabiduría y recibirán innumerables beneficios".

---------------

Para aprender más:
Descubre la obra original escrita en forma de poema:
Guía de las obras del bodhisatva. Shantideva. Editorial Tharpa
Descubre el comentario magistral de esta obra que Gueshe Kelsang Gyatso ha preparado para el mundo moderno:
Tesoro de contemplación. Gueshe Kelsang Gyatso. Editorial Tharpa

Déjate llevar paso a paso a través de este viaje de sabiduría por un maestro con gran experiencia:
Programa de estudios en Barcelona: Tesoro de contemplación. Con guen Kelsang Rabjor, Martes y jueves, de 20 a 21:30h. C/ Girona 102, Barcelona http://www.meditarabcn.org/programa-fundamental/

domingo, 14 de septiembre de 2014

Lam Chung, una historia de purificación y superación

En tiempos de Buda Shakyamuni había un monje llamado Lam Chung, famoso por su torpeza y dificultad en aprender. Fue expulsado de la escuela porque sus profesores llegaron a la conclusión de que le era imposible retener nada en la memoria. Más tarde, sus padres lo confiaron a un brahmin para que bajo su tutela aprendiese las escrituras védicas. No obstante, tampoco fue capaz de entender ni de recordar nada de lo que le enseñaba y, de nuevo, fue expulsado.

Los padres de Lam Chung pensaron que la vida monástica podría beneficiarle y le dejaron en manos de su hermano mayor, Arya Lam Chen, quien le ordenó de monje. Lam Chen se responsabilizó de la educación de su hermano menor y comenzó por enseñarle un solo verso de Dharma. Durante tres meses Lam Chung intentó aprenderlo sin éxito. Si conseguía memorizarlo por la mañana, por la tarde ya lo había olvidado; y si se lo aprendía por la noche, a la mañana siguiente no se acordaba de nada. Intentó estudiar al aire libre, pensando que una mente fresca y clara le facilitaría el estudio, pero no consiguió ningún resultado. Cuando estudiaba en las montañas, repitió este verso tantas veces que incluso los pastores que cuidaban de las ovejas llegaron a entenderlo y se lo aprendieron de memoria, mientras que el pobre Lam Chung  no conseguía hacer ni el menor progreso. Los mismos pastores intentaron también enseñárselo, pero Lam Chung fue incapaz de aprenderlo. Ante los pésimos resultados derivados de los esfuerzos de Lam Chung, su hermano Lam Chen se vio forzado a expulsarle del monasterio.

Lam Chung, embargado por una gran pena, comenzó a andar a paso lento por un camino, y mientras le caían las lágrimas, pensó: “Ahora no soy ni monje ni laico. ¡Soy un miserable!”. Con el poder de su clarividencia, Buda se apercibió de todo lo que le había ocurrido a Lam Chung y fue a visitarle. Le preguntó el por qué de sus lamentos y Lam Chung repuso: “Soy tan necio que no puedo memorizar ni un solo verso de las escrituras. Ahora, hasta mi propio hermano me ha abandonado”.
Buda le dijo que no se preocupara. Con el objeto de que purificase las acciones impuras cometidas en el pasado, le enseñó unas pocas palabras de Dharma y le asignó el trabajo de barrendero del templo. Lam Chung estaba muy contento con su nueva ocupación. Barría el templo con mucha dedicación a la vez que recitaba las pocas palabras que Buda le había enseñado.

Barría y barría durante horas y horas, pero por el poder de Buda, mientras barría el lado derecho del templo, más polvo se acumulaba en el lado izquierdo; y cuando barría el lado izquierdo, el polvo aparecía en el derecho. A pesar de ello, siguió barriendo y purificando sus faltas, tal y como Buda le había aconsejado. Así fue pasando el tiempo hasta que un buen día Lam Chung se dió cuenta de que el polvo que iba barriendo carecía de existencia propia e independiente. Esta comprensión fue una gran realización espiritual, y en base a ella, consiguió alcanzar una realización directa de la vacuidad, la naturaleza última de la realidad. Perseverando en la meditación de esta vacuidad, alcanzó en poco tiempo la liberación total del sufrimiento y se convirtió en un glorioso Arjat.

Buda comprobó que las técnicas de purificación que había enseñado a Lam Chung habían producido muy buenos resultados y decidió que mostrara públicamente sus nuevas cualidades. Ordenó a Ananda que anunciara en uno de los conventos de la zona que, a partir de entonces, su nuevo Guía Espiritual iba a ser Lam Chung. Las  monjas que allí vivían replicaron con indignación: “¿Cómo podemos aceptar como  Abad a un monje tan necio que no es capaz ni de recordar un verso de las enseñanzas tras haber estudiado durante meses?” Decidieron entonces dar a conocer ante un gran público los defectos de Lam Chung, con el propósito de no verse obligadas a aceptarle como su Maestro. Divulgaron por todo el pueblo la noticia de que un monje, tan sabio como el mismo Buda, iba a dar enseñanzas, y que todo el que las escuchara alcanzaría grandes realizaciones. Para humillarle aún más, las monjas pusieron un ostentoso trono muy elevado al que le faltaban las escaleras para subir.


Cuando llegó el día de las enseñanzas, Lam Chung acudió al convento en donde se habían congregado más de cien mil personas -unas con la intención de escucharle con atención y otras para disfrutar viéndole hacer el ridículo-. Cuando vio el gran trono sin escaleras, se dio cuenta de que lo habían construido de tal modo para reírse de él. Sin vacilar estiró la mano, que se alargó tanto que llegó a parecer la trompa de un elefante, y con ella fue disminuyendo el trono de tamaño hasta que lo redujo al de una partícula de polvo.A continuación devolvió el trono a su tamaño normal y, ante la sorpresa de todos, levitó y se sentó encima. Meditó por un rato, se elevó hacia el cielo, giró volando alrededor de la congregación y volvió a sentarse en el trono. Entonces dijo: “Escuchad con atención. Durante siete días voy a enseñaros el significado de un determinado verso de Dharma. Éste es el verso que, en el pasado, no pude aprender ni recordar, incluso después de haberlo intentado durante tres meses”.


Al cabo de esos siete días, miles de oyentes alcanzaron la realización directa de la vacuidad, otros lograron los estados de El que ha Entrado en la Corriente, El que Regresa Una Vez, El que Nunca Regresa y el Destructor del Enemigo. Algunos consiguieron generar la preciosa mente de bodhichita, y los que fueron para escrutarle desarrollaron una fe profunda en las Tres Joyas. Tiempo después, el mismo Buda profetizó que, de entre todos sus discípulos, Lam Chung lograría la mayor habilidad para subyugar las mentes de los demás. Hoy en día, aún podemos ver la figura de Lam Chung representado en las tangkas (pinturas tradicionales) budistas como uno de los dieciséis Arjats.

Al igual que hizo Lam Chung, nosotros, cuando limpiemos podemos considerar que el polvo y la suciedad que recogemos son nuestras propias acciones impuras y perturbaciones mentales.
Si tenemos, por ejemplo, un problema emocional producido por un intenso apego, podemos concentrarnos en él e intentar suprimirlo pensando: “Esta suciedad es la mugre de mi apego que ahora elimino de mi mente.”Gueshe Kelsang Gyatso - Camino Gozoso de Buena Fortuna

----------------------------
Para aprender más sobre cómo purificar la mente, no te pierdas este evento tan especial: 
CURSO-RETIRO DE PURIFICIACIÓN, del 9 al 12 de octubre con Kadam Neil Elliot, maestro internacional. http://goo.gl/7nK7nY
Kadam Neil Elliott es el maestro principal del KMC de Londres y del programa internacional de adiestramiento de maestros STTP -Special Teacher Training Programme. (Las enseñanzas serán en inglés con traducción simultánea).

La purificación es la raíz de la felicidad futura. La meditación y recitación de Vajrasatva es el método más poderoso para lograr dicho objetivo. Con las herramientas de purificación que nos proporciona la meditación de Vajrasatva, podemos disfrutar aumentando nuestras buenas cualidades y abandonando nuestras faltas, y hacer que nuestra vida se transforme en un viaje gozoso y liberador. Con el tiempo, descubrirás que incluso puedes abandonar los hábitos perjudiciales más arraigados.
Inscripciones: http://goo.gl/7nK7nY



martes, 2 de septiembre de 2014

Meditación para gente ocupada

Mejorar nuestra capacidad de mantener una mente feliz en todo momento, siempre es una magnífica resolución, pero más que nunca ahora, antes de que se nos venga encima la rutina. Si nuestra paz mental depende de que todas las circunstancias sean perfectas, de que todas las personas que nos rodean sean, hagan y digan exactamente lo que deseamos... está claro que no vamos a poder disfrutar de felicidad estable y duradera. Bueno, aunque no funciona, lo seguimos intentando una y otra vez, y nos acabamos decepcionando una y otra vez. Solo vamos a conseguir ser felices en todo momento aprendiendo a controlar nuestra mente de forma que podamos mantener actitudes siempre positivas, sabias y llenas de amor. 

En esto nos puede ayudar muchísimo la meditación porque el objetivo principal de meditar es familiarizarse con estas actitudes que nos llenan de paz interior y entusiasmo, que nos embellecen con buenas cualidades y nos convierten en mejores personas. Este adiestramiento debe ir llenando todas nuestras actividades, puesto que no hay ni un solo momento en el que no deseemos experimentar felicidad. La vida es corta, el tiempo pasa muy rápido... pero la meditación nos ayuda tanto a aprovechar al máximo el presente como a prepararnos para el futuro. 

Cuando nos atacan los pensamientos destructivos o las emociones negativas nuestra mente se agita. Es como si de pronto estuviéramos en medio de un inmenso océano turbulento y sin límites. No tenemos perspectiva, nos sentimos amenazados, confusos o desorientados. Parece como si tuviéramos que gastar un montón de energía simplemente para mantenernos a flote. Pero si lográramos parar el viento de los pensamientos descontrolados nos sentiríamos como en un lago inmenso de agua clara, limpia y apacible. 

Una de las principales razones por la que las personas recurren a la meditación es para aliviar el estrés. Quieren encontrar una manera de quitarse de encima la ansiedad u otras sensaciones desagradables que parecen estar invadiendo sus vidas de forma a veces explicable otras inexplicable. Están hartos de estar hartos. Está claro que el estrés no nos deja ser felices. Cuando estamos estresados nos parecemos un poco a esos hámters que corren y corren entro de una rueda que solo gira pero que no avanza. No importa lo mucho que nos esforzamos por resolver el problema que nos está produciendo estrés. Nunca parece mejorar. Podemos llegar a estar tan quemados que dejamos de ser productivos y amables. 


Cuando nos sentimos estresados​​, vemos el estrés como algo que nos está sucediendo a nosotros y no como algo que estamos produciendo: "¡Mi situación es tan estresante! ¡Esa persona tan egoísta, me causa tanto estrés! Mis vecinos hacen un ruido espantoso, ¡es insoportable! ¡Me estresan! Esto empeora todavía más la situación porque sentimos que el estrés es algo que viene de fuera, lo sentimos como algo externo a la mente.... Sin embargo, el estrés proviene de una manera conflictiva de responder a la situación que nos causa estrés. Por ejemplo, dos personas pueden estar en el mismo atasco de tráfico y una puede estar muy tranquila y la otra estar totalmente crispada. Si cada vez reaccionamos a las situaciones difíciles de una manera conflictiva, el estrés se va acumulando, nos conduce a la infelicidad y a una creciente sensación de incapacidad de enfrentarnos a los problemas. 

No es necesario ser un gran meditador para descubrir nuestro potencial. 
Aunque sólo seamos capaces de permanecer concentrados en la respiración durante tres rondas consecutivas, nuestra mente ya se siente un poco más tranquila que antes. Si nos damos permiso para sentir esta paz, para saborearla, para disfrutar de ella, vamos a descubrir que la verdadera naturaleza de nuestra mente es apacible. Son las perturbaciones mentales las que nos producen sensaciones desagradables.

Vuelta al trabajo.
Cuando surges de la meditación, te sientes mucho más preparado para enfrentarte a lo que viene después. Es increíble cómo se elimina el agotamiento de una forma rápida. Cuando estamos felices, nos comprometemos de forma natural con el mundo, deseamos involucrarnos, somos mucho más eficientes y amables. Nos convertimos en la persona que deseamos ser: una persona feliz.